La Ley de la Atracción: su historia
La Ley de la Atracción es un concepto ampliamente conocido, popularizado por libros, películas y numerosos sitios web que ofrecen estrategias y técnicas para aplicarla en la vida diaria. Esta ley se presenta como un principio universal que permite manifestar la realidad deseada mediante el poder del pensamiento. Sin embargo, la idea no está exenta de controversia. Mientras que algunos la defienden como una fuerza real y poderosa, otros la critican y la desacreditan.
Aunque hoy en día la Ley de la Atracción se considera un concepto moderno, para comprender cómo se desarrolló y cómo influyó en la concepción de la manifestación de la realidad, es esencial remontarnos a sus orígenes.
El Poder del Pensamiento
A principios del siglo XIX, en New Hampshire, un joven llamado Phineas Quimby, hijo de un herrero y aprendiz de relojero, fue diagnosticado con tuberculosis. En su búsqueda por una cura, consultó a un médico, quien le prescribió un tratamiento a base de calomelano, un compuesto de cloruro de mercurio utilizado comúnmente en la época.
Sin embargo, en lugar de mejorar, Quimby experimentó efectos secundarios devastadores: sus dientes comenzaron a deteriorarse y el dolor se volvía insoportable. Fue entonces cuando tomó una decisión radical: abandonó el tratamiento y dejó de consultar a médicos.
Un amigo le sugirió que, en lugar de centrarse en su enfermedad, aprovechara la vida al aire libre. Siguiendo este consejo, Quimby comenzó a realizar largos viajes a caballo. Fue durante estos momentos de cabalgata cuando hizo un descubrimiento sorprendente: en los momentos más intensos de la travesía, el dolor parecía disminuir, como si se desvaneciera temporalmente. Este hallazgo marcó un giro crucial en su vida y en el desarrollo de la idea que más tarde influiría en la concepción moderna de la Ley de la Atracción.
Quimby empezó a sospechar que debía existir una conexión entre la mente, el enfoque y la salud. Con el tiempo, su condición mejoró y, eventualmente, se curó completamente de la tuberculosis. No obstante, su verdadera transformación se produjo en 1838, cuando conoció a un mesmerista (hipnotizador) que le presentó la idea de que el pensamiento tiene poder sobre la materia, y que, con el enfoque adecuado, es posible sanar. Sin saberlo, Quimby estaba sentando las bases de un movimiento que cambiaría la forma en que percibimos la realidad: el Nuevo Pensamiento.
El Nuevo Pensamiento y la Ley de la Atracción
El Nuevo Pensamiento fue un movimiento filosófico que surgió en el siglo XIX, influenciado por diversas corrientes de pensamiento, como el hermetismo, el trascendentalismo estadounidense y las enseñanzas filosóficas del hinduismo, yoga e incluso el budismo.
La idea central de este movimiento era la supremacía de la mente sobre la materia y la capacidad humana de influir en la realidad a través del pensamiento. Con el tiempo, diversos autores y filósofos del Nuevo Pensamiento profundizaron en este concepto, desarrollando teorías sobre las leyes que rigen nuestra capacidad de manifestar lo que deseamos y atraer la realidad que proyectamos con la mente. Sin embargo, el concepto original de esta ley, que sigue siendo estudiado, debatido y aplicado por quienes creen en el poder de la mente para moldear el destino, proviene de un movimiento ocultista: la Teosofía.
El Origen de la Ley de Atracción
Una de las figuras más destacadas en la historia del pensamiento esotérico fue Helena Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica. Esta filósofa y mística viajó por la India y otras regiones del mundo, recopilando conocimientos que darían forma a la doctrina de la teosofía, un sistema filosófico que enfatizaba la supremacía del espíritu y su influencia sobre la materia.
En 1877, Blavatsky fue la primera en utilizar la expresión “Ley de la Atracción” en uno de sus libros. Aunque en su contexto original se refería al poder de atracción entre los elementos espirituales, con el tiempo otros autores comenzaron a utilizar esta misma expresión para describir la capacidad de los pensamientos para atraer y manifestar la realidad deseada. Así, la Ley de la Atracción evolucionó de una noción esotérica a convertirse en un principio clave dentro del Nuevo Pensamiento y del movimiento de desarrollo personal.
El desarrollo de la Ley de la Atracción
Durante la segunda mitad del siglo XIX, diversos autores comenzaron a hablar abiertamente sobre la Ley de la Atracción. En 1886 y 1887, Prentice Mulford publicó su famoso artículo “La Ley del Éxito”, en el que explicaba cómo la mente podía manifestar en la realidad aquello que se deseaba. Entre 1892 y 1896, otros autores como Henry Wood y Ralph Waldo Trine ampliaron este concepto, señalando que la Ley de la Atracción no solo aplicaba a la salud, como había sido planteado originalmente por Phineas Quimby, sino también a todos los aspectos de la vida.
En 1906, el ocultista William Walker Atkinson publicó “La vibración del pensamiento o la Ley de Atracción en el mundo del pensamiento“, donde desarrolló una de las primeras exposiciones detalladas sobre este principio y su funcionamiento.
La Ley de la Atracción en el Siglo XX
A lo largo del siglo XX, las ideas sobre la Ley de la Atracción fueron retomadas y desarrolladas por diversos pensadores. Algunos de los libros más influyentes en este sentido incluyen “Piense y hágase rico” (1937) de Napoleon Hill, “El poder del pensamiento positivo” (1952) de Norman Vincent Peale, y “El poder de la mente subconsciente” (1963) de Joseph Murphy.
A finales de los años 80, la Ley de la Atracción fue adoptada por el movimiento de la Nueva Era, que integró ideas del Nuevo Pensamiento y otras filosofías. Un hito importante en la popularización de esta ley fue el lanzamiento de la película “El Secreto” de Rhonda Byrne en 2006, seguida por el libro homónimo , que consolidó aún más este concepto en la conciencia colectiva.
La Ley de la Atracción como Ley Universal
La Ley de la Atracción es un concepto con una profunda y extensa trayectoria, que ha dejado una huella significativa en pensadores, filósofos y autores a lo largo de los siglos. Se trata de una ley universal que opera independientemente de nuestra voluntad o deseos, funcionando de manera constante y afectándonos continuamente.
En su esencia, la Ley de la Atracción se centra en el poder del pensamiento y en su capacidad para atraer aquello en lo que nos enfocamos, sugiriendo que la mente juega un papel crucial en la creación de nuestra realidad. Aprovechando esta dinámica, podemos utilizar la Ley de la Atracción para manifestar nuestras intenciones.
Al comprender y aplicar su principio fundamental, tomamos un papel activo en la manifestación de nuestros deseos, guiados por la creencia de que nuestros pensamientos tienen un poder real y transformador. Este poder es precisamente lo que muchos llaman magia. Pero, ¿qué relación tiene la Ley de la Atracción con la magia, la brujería y el ocultismo? En el próximo artículo, profundizaremos en esta intrigante conexión.



