La Ley de la Atracción y la Magia
La relación entre la Ley de la Atracción y la magia es un tema que ha generado debate y fascinación a lo largo del tiempo. Aunque parecen conceptos diferentes, ambos comparten un principio fundamental: el poder de la mente y la energía para influir en nuestra realidad. En este artículo, exploraremos cómo, al comprender la magia y la brujería, podemos ver que en su esencia, son expresiones de la misma idea que sustenta la Ley de la Atracción.
Magia y Brujería
En primer lugar, es importante hacer una aclaración: la brujería y la magia son esencialmente lo mismo. Sin embargo, la palabra “brujería” y el término “bruja” están históricamente cargados de connotaciones negativas. Esto se debe a la caza de brujas, cuando se construyó una imagen de la mujer bruja, perseguida por los inquisidores por no ajustarse al dogma cristiano imperante en ese tiempo.
Además, factores sociológicos y políticos contribuyeron a que la figura de la bruja quedara tan estigmatizada. Se le asoció erróneamente con la adoración del diablo y la maldad, lo que no tiene nada que ver con la naturaleza real de la brujería. En realidad, la brujería no es malvada ni está relacionada con el diablo. Dicho esto, entendemos que brujería, magia y hechicería son sinónimos.
La magia, entonces, puede definirse como una aplicación práctica del pensamiento consciente, enfocado en lograr un objetivo o fin. Es dirigir nuestras energías, las de nuestros pensamientos y emociones, para manifestar una realidad deseada. En otras palabras, la magia es simplemente la Ley de la Atracción, pero expresada con otros términos.
La Ley de la Atracción es Magia
Un caso real es el de Helen Hadsell, conocida como la “reina de los concursos”, debido a su impresionante capacidad para aplicar la Ley de la Atracción. Cada concurso en el que participaba, lo ganaba, porque simplemente enfocaba su pensamiento y la energía de sus emociones hacia ese objetivo. Tenía una convicción total de que ya lo había logrado.
Creer que uno ya tiene lo que desea es parte fundamental de ese enfoque energético necesario para manifestar la realidad. Lo que en realidad estaba haciendo Helen era lo mismo que hacen las brujas o los magos: dirigir las energías de nuestros pensamientos y emociones hacia un fin específico para que se manifieste una realidad deseada.
Entonces, ¿es la Ley de la Atracción brujería? Sí ¿Es la Ley de la Atracción magia? Sí, siempre y cuando entendamos correctamente qué es la magia y qué es la brujería.
La Ley de la Atracción y sus Rituales
Una de las objeciones comunes a la asociación entre la Ley de la Atracción y la brujería o la magia es que, en la magia tradicional, se utilizan rituales, ceremonias y encantamientos específicos para alcanzar los objetivos, mientras que la Ley de la Atracción parece algo mucho más simple. Sin embargo, en realidad, las cosas no son tan diferentes, porque los rituales en la magia y la brujería no hacen otra cosa que ayudar a enfocar el pensamiento y dirigir la energía.
De hecho, la Ley de la Atracción también tiene sus propios rituales, y precisamente ayudan a: enfocar nuestra atención y energía hacia un propósito. Existen numerosas técnicas o estrategias diseñadas para aplicarla, que en realidad podemos considerar como “rituales espirituales” de la Ley de la Atracción (como el 55×5 o la técnica del vaso con agua, la técnica de los dos cuadernos, etc.). Por lo tanto, la asociación entre la Ley de la Atracción, la magia y la brujería es completamente válida: en esencia, son lo mismo, solo que manejamos terminología diferente.
¿Cómo funciona realmente la Ley de la Atracción?
Una de las nociones esotéricas fundamentales, también presente en el misticismo oriental, que ayuda a explicar la Ley de la Atracción, es la idea de que todo es mente. Somos parte de un todo, un todo que es mental, y el universo mismo es mental. Esto implica que existe una profunda interconexión entre todos los componentes de la realidad. Estamos todos conectados entre sí.
Este concepto se relaciona con otra noción clave: somos energía en vibración. Todos vibramos porque somos energía, y lo hacemos a diferentes frecuencias. La frecuencia en la que vibramos determina cómo se manifiesta nuestra realidad. Por ejemplo, la materia o el plano físico es una forma de energía que vibra a una frecuencia baja o densa, lo que da lugar a su manifestación física. Sin embargo, también existen otras frecuencias de energía, y todo está vibrando simultáneamente, incluida la materia.
De esta manera, nuestros pensamientos y emociones también vibran, cada uno a una frecuencia específica. Dado que tanto nuestros pensamientos como nuestras emociones son energía, al igual que la materia, es lógico pensar que nos sintonizaremos con vibraciones o frecuencias que sean afines a las nuestras.
Dicho de otro modo, estaremos en resonancia con la frecuencia de otras energías y con los componentes de la realidad que comparten esa misma frecuencia.
Es fundamental recordar que, dentro de las nociones del esoterismo y el misticismo oriental, la realidad se concibe como dividida en diferentes planos de existencia o dimensiones. Cada plano corresponde a una forma específica de vibración energética. Por ejemplo, el plano físico es uno, el plano emocional otro, y el plano mental un tercero.
Sin embargo, como mencionamos anteriormente, todo está interconectado, lo que implica que todo influye sobre todo. De este modo, los pensamientos y las emociones ejercen una influencia directa sobre la materia, al igual que la materia puede afectar nuestros pensamientos y emociones. No obstante, esta influencia no es simétrica, ya que algunos planos se encuentran en niveles más bajos, mientras que otros están en niveles superiores, lo que coincide con la frecuencia baja o alta de las vibraciones energéticas.
Por ello, los planos mentales y emocionales tienen una supremacía sobre el plano físico. Es decir, los planos emocional y mental impactan directamente la manifestación física de las realidades posibles. Esta noción plantea que todas las posibilidades de realidad ya existen, ya están dadas, ya son.
La única diferencia es que una de ellas se manifestará en el plano físico o material, y esa será la que haya sido dirigida por nuestros pensamientos y emociones, es decir, nuestra energía enfocada. Si orientamos nuestra energía hacia una posibilidad de realidad en particular, esa es la que se manifestará.
En resumen, lo que estamos haciendo es atraer ciertas posibilidades de realidad mientras dejamos de atraer otras. Atraemos en la medida en que la frecuencia de nuestras vibraciones energéticas, tanto mentales como emocionales, se alinea con la frecuencia de las vibraciones energéticas de esa realidad posible.
Al dirigir conscientemente nuestra energía hacia una visión clara de lo que deseamos, sintonizamos nuestra vibración con esa realidad específica, permitiendo que se materialice en el plano físico. Así, entendemos que, más allá de la magia o la Ley de la Atracción, somos seres con un poder inmenso para transformar nuestra realidad, utilizando el poder de nuestra mente y emociones como herramientas para atraer lo que vibramos.



