La Verdadera Ley de la Atracción
La Ley de la Atracción se ha convertido en una tendencia popular en la actualidad debido a su amplia difusión a través de libros, programas de televisión, canales de YouTube, sitios web, entre otros. No obstante, como hemos señalado en artículos previos, muchos de los postulados de esta ley han sido distorsionados, mal interpretados o incluso modificados.
Nos hemos percatado de que no solo en ciertos libros o sitios web se han alterado los principios fundamentales de la Ley de la Atracción, sino que muchas personas han confundido su concepto con otras ideas ajenas a su verdadera naturaleza. Por ejemplo, algunos creen que está relacionada con la fe religiosa, mientras que otros la ven como una suerte de “mecánica” para cumplir deseos, o incluso hay quienes han expresado su frustración al pensar que la Ley de la Atracción no funciona.
Por esta razón, consideramos crucial regresar al libro original que planteó esta ley, ya que fue quien la desarrolló, la explicó de manera adecuada y nos ofreció herramientas para aprovechar ese conocimiento de forma efectiva.
La Ley de la Atracción en el Mundo del Pensamiento
En 1908, William Walker Atkinson, un autor ocultista del que hablaremos próximamente en otro artículo, publicó su libro “Vibración del pensamiento, o La ley de la atracción en el mundo del pensamiento” (Thought Vibration, or The Law of Attraction in the Thought). En las primeras ediciones, el libro incluía dos prefacios. El primero era escrito por Franklin L. Barry, editor de la revista Nuevo Pensamiento, quien ofrecía una reflexión tanto desde su faceta de escritor como desde su experiencia personal.
En su prefacio, Barry destacaba la capacidad divulgativa de Atkinson, su habilidad como escritor y su estilo accesible, dirigido a un público general, el hombre moderno de la época. Además, mencionaba las difíciles circunstancias que Atkinson había enfrentado en el pasado y cómo logró superar esas adversidades, precisamente gracias a los principios que expone en el libro.
A continuación, después del índice, el lector encuentra unas palabras del propio Atkinson, que sirven como un pequeño manifiesto. En ellas, el autor explica en qué creía, quién era y cuáles eran las líneas fundamentales de su pensamiento.
El libro está compuesto por 16 capítulos, cada uno de ellos claro y preciso en su contenido. Atkinson detalla, a través de puntos clave, los aspectos que considera fundamentales para desarrollar sus ideas y postulados. El lenguaje utilizado es directo, sencillo y accesible, hablando de forma clara al lector, pues el libro se plantea como una especie de manual práctico.
A lo largo del libro, Atkinson ofrece consejos valiosos y, sobre todo, técnicas explicadas con ejercicios y ejemplos concretos. Gracias a este enfoque, el texto resulta muy fluido, fácil de entender y de seguir, permitiendo que el lector pueda aplicar los conceptos de manera efectiva.
Atkinson comienza el libro explicando la Ley de la Atracción, una poderosa ley que rige el universo. Aunque algunas de sus manifestaciones pueden resultar desconocidas, la mayoría de las personas es inconsciente de su existencia. Según Atkinson, esta ley se basa en que los pensamientos son manifestaciones de energía que se proyectan en todas direcciones, con un poder de atracción similar al de los imanes. Esta energía se expresa en forma de vibraciones, y los pensamientos son vibraciones que se encuentran con otras vibraciones de pensamiento. En el mundo del pensamiento, las vibraciones similares se atraen, mientras que las opuestas se repelen, a diferencia de lo que ocurre en el magnetismo.
Atkinson explica que si nuestros pensamientos son positivos, atraeremos otros pensamientos positivos, así como personas con pensamientos similares. Junto a estas personas, también llegarán circunstancias, situaciones y eventos que estén relacionados con esa energía positiva. Lo mismo ocurre con los pensamientos negativos: si mantenemos pensamientos negativos, atraeremos a personas con la misma mentalidad.
De esta forma, Atkinson señala que la Ley de la Atracción siempre está en funcionamiento, independientemente de si estamos en un estado de pensamientos positivos o negativos. Por lo tanto, no tiene sentido afirmar que la Ley de la Atracción no funciona o que no nos beneficia, ya que no depende de lo que deseamos, sino del tipo de pensamientos que estamos proyectando.
¿Cómo usar la Ley de la Atracción a tu favor?
Atkinson sostiene que, al comprender la Ley de la Atracción, podemos aprovechar ese conocimiento a nuestro favor. Según él, lo primero que debemos hacer es cultivar pensamientos positivos, ya que, naturalmente, todos deseamos vivir de manera positiva, tener éxito y ser felices. Aunque lo común es estar rodeado de personas con pensamientos negativos, ya que estos son más frecuentes, la buena noticia es que los pensamientos positivos son mucho más poderosos.
Al acostumbrarnos a pensar positivamente, esos pensamientos se vuelven habituales, lo que nos permite atraer a personas, circunstancias y eventos similares y positivos que nos ayudarán a alcanzar nuestros objetivos.
Además, Atkinson señala que existen diferentes grados de positividad y negatividad, pero no todo es blanco o negro. Lo importante es mantenerse en el lado más positivo posible, utilizando la fuerza de voluntad. Según él, todos poseemos una inmensa fuerza de voluntad que puede ser aprovechada si entrenamos nuestra mente para ello.
Esta fuerza de voluntad está disponible para todos, pero solo se hace accesible cuando nuestra mente está entrenada para hacer afirmaciones de voluntad y utilizar ese poder. Para construir conscientemente la mente, Atkinson distingue dos funciones de la mente: la función activa y la función pasiva.
La función activa se refiere a los impulsos de la mente consciente, como cuando tenemos una nueva idea que queremos poner en práctica o cuando enfrentamos un problema que necesitamos resolver.
En cambio, la función pasiva se relaciona con los pensamientos automáticos, rutinarios o habituales, que son impulsos que ya se han convertido en hábitos, o con el trabajo del subconsciente para seguir el rumbo trazado por un impulso activo del consciente.
Es fundamental entender estas funciones activas y pasivas del pensamiento, porque, para acceder a esa reserva infinita de fuerza de voluntad de la que habla Atkinson, la mente debe ser construida conscientemente. Al hacerlo, podemos generar afirmaciones de voluntad. Cada vez que hacemos una afirmación de voluntad consciente, estamos creando un impulso activo que guía al subconsciente a transformarse en un hábito.
Cuando una persona comienza a reafirmarse activamente, de manera consciente, en que puede lograr cualquier cosa que se proponga, que es capaz, valiente, inteligente y exitosa, ese tipo de pensamiento empieza a generar impulsos pasivos y se convierte en un hábito. Con el tiempo, la persona empieza a comportarse como alguien exitoso.
Siguiendo este enfoque, cada vez que hay un impulso activo, el subconsciente lo sigue y empieza a aportar ideas, estrategias y recursos. Así, la persona que cultiva este tipo de pensamiento tendrá siempre a su disposición planes, ideas y recursos mentales, gracias a un subconsciente convencido de su capacidad, de su poder y de que alcanzará todo lo que desea.
Además, esto se suma al hecho de que proyectará pensamientos positivos, los cuales atraerán a personas con pensamientos similares, así como circunstancias y eventos que favorecerán la realización de sus planes.
El poder de la Acción y tus Deseos
En el proceso de construir la mente y utilizar conscientemente la fuerza de voluntad, Atkinson enfatiza que hay detalles clave que deben tenerse en cuenta para alcanzar el éxito.
El primero de estos detalles es la acción. Cuando se tiene un impulso activo y se sabe cuál es el objetivo, es esencial comenzar a trabajar de inmediato. La acción debe estar alineada con el pensamiento; de lo contrario, la energía del pensamiento y el deseo se diluirán y perderán impacto. En cambio, al actuar, los pensamientos se refuerzan con energía y activan la provisión de recursos, ideas, estrategias y planes. Además, al tomar acción, proyectamos una energía poderosa que atrae a personas, eventos y circunstancias que nos ayudarán a alcanzar nuestros objetivos. Por lo tanto, la acción es fundamental.
El segundo aspecto crucial es que el deseo y el interés por alcanzar un objetivo deben ser intensos y poderosos. Atkinson enfatiza que se trata de un deseo que debe ser como una pasión, algo similar al deseo de un prisionero por su libertad: una fuerza arrolladora y absoluta.
Si el deseo es débil, como esos pensamientos fugaces de “¡Ay, cómo me gustaría hacer esto!” o “¡Cómo me gustaría tener aquello!”, no tendrá la energía necesaria para generar un impacto real. Estos deseos son solo ensoñaciones y no activan el poder necesario para atraer personas, eventos ni circunstancias que favorezcan nuestros planes, ni activan adecuadamente nuestro subconsciente. En resumen, el deseo debe ser fuerte y apasionado.
El tercer factor que Atkinson destaca es la importancia de desear una sola cosa a la vez. Es fundamental evitar lo que él llama “fugas mentales”, como distracciones, deseos secundarios o intereses menores. Explica que una persona puede tener la voluntad, la energía y la determinación para poner en práctica sus planes, pero si tiene demasiados intereses o deseos al mismo tiempo y no establece prioridades, su energía se dispersará y perderá eficacia. El subconsciente no sabrá qué es lo importante. Por lo tanto, para tener éxito, es esencial centrarse en un solo deseo a la vez y mantener el enfoque.
En todo este proceso de manejar pensamientos y emociones negativas, como el enojo, la frustración, la preocupación, el miedo o el desánimo, Atkinson propone dos enfoques:
- Enfrentarse directamente al pensamiento negativo y tratar de suprimirlo. Aunque Atkinson no considera esta técnica particularmente eficaz, la menciona porque puede funcionar para algunas personas.
- El segundo enfoque, que Atkinson prefiere y considera más efectivo, es cultivar el pensamiento de la emoción contraria. Es decir, si alguien siente miedo, por ejemplo, al emprender un nuevo proyecto o idea, lo mejor es enfocarse en cultivar la emoción opuesta, como el coraje.
Este último método es, según Atkinson, la clave para superar las emociones negativas y transformarlas en fuerzas impulsoras hacia el éxito.
Convencerse a uno mismo, mediante afirmaciones de voluntad, de que es una persona valiente, capaz de enfrentar un proyecto o alcanzar un objetivo, es un paso fundamental. Al principio, los pensamientos y emociones negativas pueden resistirse y no desaparecer de inmediato, pero mediante las afirmaciones de voluntad, podemos transformar el pensamiento positivo y la emoción positiva en hábitos, hasta que se conviertan en una parte natural de nuestra personalidad.
Este proceso aplica para cualquier emoción negativa. Por ejemplo, si deseamos vencer el miedo, debemos cultivar el coraje; si queremos superar el enojo, debemos fomentar la alegría. Sin embargo, Atkinson señala que el miedo es una de las emociones negativas más problemáticas, ya que es “el padre” de otras emociones como la preocupación. Por lo tanto, si logramos deshacernos del miedo y convertirnos en personas valientes, también veremos cómo las preocupaciones se disipan gradualmente.
Una mentalidad poderosa
El libro es fascinante y recomendable para todo tipo de personas. Es un libro poderoso, uno de esos que, al finalizar su lectura, deja una hermosa sensación de que uno puede lograr lo que se proponga, de que tiene todo lo necesario para alcanzar sus objetivos, y de que es el dueño de su destino. Porque, en realidad, nadie más puede hacer las cosas por uno; solo nosotros podemos avanzar y lograr lo que deseamos en la vida.
En este libro queda claro que la verdadera Ley de la Atracción no tiene nada que ver con la fe religiosa, las creencias espirituales o pedir deseos a un dios o al universo. No se trata de pedir, sino de cultivar en uno mismo el hábito positivo de pensar “yo puedo”, y realmente, podemos llegar muy lejos, pero solo si nos entrenamos conscientemente, educando a nuestra mente para hacer uso de ese poder que ya reside dentro de nosotros.
Alcanzar nuestros objetivos es posible, y la Ley de la Atracción está siempre en funcionamiento, atrayendo los pensamientos similares a los que tenemos, aunque no estemos acostumbrados a pensar o actuar de manera coherente con esos pensamientos. Solo cuando adoptamos una mentalidad poderosa y actuamos en consecuencia, somos capaces de atraer a personas exitosas, circunstancias favorables y todo lo necesario para alcanzar nuestros deseos y objetivos.



