Ley de la Atracción: Mentiras que Te Venden (Parte 1)

Hoy en día, existen cientos de “gurús”, cursos, películas, podcasts y artículos que te venden una sola idea: con la Ley de la Atracción, y la técnica o el método que te proponen, tu vida cambiará para siempre. La gente, como ovejas al borde del precipicio, cae en este engaño, sin saber que la verdad es mucho más simple.

Sí, a nosotros también nos pasó. Al principio, éramos jóvenes y nos dejábamos deslumbrar por los vendehúmos. Pero con el tiempo, comprendimos el lucrativo negocio que hay detrás, donde, aparentemente: los que “saben”, venden; los que no, compran.

¿Es cierto que la Ley de la Atracción es tan fácil, rápida y efectiva como nos prometen, o simplemente nos están vendiendo ilusiones? En este artículo, vamos a explicarte de manera sencilla cómo funciona realmente la Ley de la Atracción, señalando los problemas y las falacias sobre las que se construye la teoría de los “grandes manifestadores de la realidad”.

El Universo = Dios

El primer problema que hemos identificado es la noción errónea de que, para hacer funcionar la Ley de la Atracción, debemos simplemente “pedírselo al universo”. La idea es enfocar un deseo, visualizarlo y luego pedirlo, como si fuera el universo el encargado de concedérnoslo.

Este enfoque es problemático porque nos hace creer que no somos nosotros quienes debemos cambiar nuestras vibraciones, redirigir nuestra energía o sintonizarnos con la realidad que deseamos. En lugar de tomar acción para atraer las personas, eventos y circunstancias que nos permitan alcanzar nuestros objetivos, se nos dice que debemos esperar que un ente superior, (el universo), se encargue de todo. En resumen, nos enseñan a sentarnos y esperar, confiando en que algo externo se ocupe de nosotros.

Esto es similar a deificar al universo, convirtiéndolo en una especie de nuevo dios, un ser dispuesto a conceder nuestros deseos. ¿Por qué ocurre esto? Existen varias explicaciones posibles.

  • Una de ellas es la confusión entre el concepto de “el Todo”, propio del ocultismo, especialmente del hermetismo, y la imagen del dios omnipresente, omnisciente y creador que propone el cristianismo.
  • Otra posibilidad es que al afirmar que proyectamos nuestra energía hacia el universo, se asuma implícitamente que el universo es “capaz de escuchar” y, por ende, de responder a nuestras peticiones.
  • Finalmente, una explicación muy común es que muchas personas sienten la necesidad de creer en un ser superior, alguien dispuesto a cuidar de ellas y ocuparse de sus necesidades.

Cualquiera de estas explicaciones puede ser válida, y todas ofrecen una visión interesante sobre el fenómeno.

Esta deificación del universo es un problema para la “Nueva Ley de la Atracción” que vemos en las redes, porque la verdadera Ley de la Atracción no tiene nada que ver con pedirle algo a un ente externo.

En realidad, esta ley se basa en nuestra capacidad para sintonizarnos con la realidad que deseamos y atraer a las personas, eventos o circunstancias que nos ayuden a alcanzar nuestros objetivos. Implica que somos nosotros los responsables de actuar, cambiar nuestras vibraciones y dirigir nuestra energía.

Si estamos esperando que un “nuevo dios” nos conceda lo que queremos, simplemente no sucederá. Nunca sucederá. ¿Vamos a quedarnos sentados esperando que todo se resuelva por sí solo? Si lo haces, puedes esperar años… y no ocurrirá.

Este enfoque solo sirve para drenar nuestra energía y bloquear nuestra capacidad de actuar. Nos quedamos estancados en la pasividad, esperando que algo externo cambie nuestra realidad. Las posibilidades de que nada suceda son altísimas, como suele ocurrir. Como resultado, muchas personas se frustran al ver que, después de pedir al universo, no reciben ninguna “respuesta”. Y esa frustración, irónicamente, solo atrae más frustración, porque ese estado emocional atrae más situaciones frustrantes a nuestra vida.

A diferencia de la religión, que a menudo ofrece consuelo, la verdadera Ley de la Atracción no tiene esa red de seguridad. En la religión cristiana, por ejemplo, si uno pide algo a Dios y no se cumple, los creyentes se consuelan con la idea de que “es la voluntad divina”. “Si Dios quiere que eso suceda, sucederá; si no, que sea su voluntad”, porque confían en que Dios sabe lo que es mejor para ellos. Este consuelo, sin embargo, no existe en la verdadera Ley de la Atracción. Así que, si alguien te dice que solo necesitas hacer una declaración, llenar un “chequecito” del banco del Universo, y que tienes que olvidar lo que pediste hasta que te llegue de la nada, déjanos decirte que te están tomando el pelo o, simplemente, ni ellos mismos saben de lo que están hablando.

¿Cómo Atraer Tu Deseo?

Un segundo problema en la difusión de la Ley de la Atracción es que, muchos promotores de nuevas técnicas y rituales, la presentan como algo demasiado fácil. Se habla de cosas como “Atrae dinero inmediato”, “Haz que tu deseo se cumpla en segundos” o “El poderoso secreto para obtener lo que quieras en minutos”. Todo parece tan sencillo: aplicas la técnica y ¡pum! Tu deseo aparece.

Pero la realidad es otra, no es tan fácil. ¿Por qué?

Porque para sintonizar nuestra energía con la realidad que queremos manifestar, o para atraer a las personas, eventos y circunstancias que deseamos, debemos primero cambiar nuestra vibración y redirigir nuestra energía. Y para lograr eso, necesitamos tener control sobre nuestros pensamientos, emociones y creencias. Sin embargo, controlar estos aspectos es sumamente difícil, ya que cada día podemos tener una media de 60.000 pensamientos al día, y nuestras emociones están fuertemente condicionadas por esos mismos pensamientos.

No se puede cambiar la vibración ni redirigir la energía si no se tiene control sobre los pensamientos y las emociones. Para lograrlo, es esencial elevar nuestra conciencia. Una de las formas más efectivas de hacerlo es a través de la práctica de la meditación, que nos permite desarrollar la disciplina necesaria para controlar nuestra mente y emociones. Al meditar, logramos elevar nuestra conciencia, gestionar nuestros pensamientos y emociones, y, como resultado, podemos ajustar nuestras vibraciones y redirigir nuestra energía hacia el objetivo que deseamos alcanzar.

La meditación nos permite tomar conciencia de nuestros pensamientos y aprender a controlar nuestra mente, en lugar de dejar que sea ella quien controle nuestras acciones. Además, debemos considerar el poder de nuestro subconsciente, donde residen nuestros programas mentales más profundos: creencias, hábitos e ideas que adoptamos desde una edad temprana. Estos patrones operan de manera automática, influenciando nuestros pensamientos, palabras y comportamientos sin que siquiera seamos conscientes de por qué actuamos de esa forma.

Si aún no estás familiarizado con el impacto del subconsciente, te recomendamos ver este video: Dr. Bruce Lipton (PARTE 2) | (Curso Completo) – La Biología de la Creencia.

¿Tus creencias te limitan?

Las creencias y pensamientos en el subconsciente son extremadamente poderosos, ya que también tienen una frecuencia de energía propia. Si estas creencias o valores entran en conflicto con nuestros deseos conscientes (como salud, dinero o amor), se convierten en un obstáculo que impide que podamos elevar nuestras vibraciones y redirigir nuestra energía hacia la realidad que queremos manifestar.

Nuestros programas subconscientes actúan como bloqueos, y mientras estos permanezcan en funcionamiento, por más que deseemos o tratemos de aplicar técnicas, no veremos resultados.

Para que nuestra manifestación se haga realidad, nuestras creencias subconscientes deben alinearse con nuestros deseos conscientes. Sin embargo, esto no siempre se explica: todos tenemos creencias, algunas más profundas que otras. Las personas que “manifiestan” más rápidamente suelen tener creencias menos arraigadas o han logrado superarlas. Factores como el lugar donde nacemos, nuestro entorno o incluso lo que vemos en los medios de comunicación pueden programar nuestras creencias, ya sea a favor de nuestros deseos o, por el contrario, reforzando creencias negativas.

Por ejemplo, digamos que deseas ser rico, como muchas personas lo hacen. Te esfuerzas al máximo para lograrlo: te metes en proyectos, trabajas en dos empleos e incluso compras billetes de lotería para ver si algo cambia… Haces todo lo que puedes, pero en el fondo, en tu subconsciente, crees que el dinero es un problema. Piensas que solo trae dificultades, que te lo pueden robar o que es algo malo. ¿El resultado? Todo lo que hagas será en vano, y el dinero nunca llegará. Esto sucede porque, en tu subconsciente, crees que tener dinero solo te traerá más problemas que los que ya enfrentas.

Aunque no seas consciente de estas creencias, están afectando directamente tus pensamientos y deseos conscientes. En otras palabras, tu deseo de ser rico no está alineado con tus creencias profundas. Según la verdadera Ley de la Atracción, esto significa que no puedes elevar tus vibraciones ni redirigir tu energía hacia la realidad que deseas.

En nuestro próximo artículo, te revelaremos dos mitos más sobre la Ley de la Atracción y te proporcionaremos un plan sencillo, paso a paso y totalmente gratuito, sobre lo que realmente debes tener en cuenta si deseas atraer algo verdadero y duradero a tu vida. ¡No te lo pierdas!

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